Planificación hidrológica: la verdad oficial contestada.

Abel La Calle

Resumo


La elaboración en España de los primeros planes hidrológicos 2009-2015 derivados de la Directiva marco del agua empezó tarde y en no pocos casos aún no había terminado cuando ya empezaron los anuncios para participar en el segundo ciclo de 2015-2012.

Esa primera generación trajo cambios importantes, se amplió el conocimiento oficial sobre las aguas y sus ecosistemas, la difusión de la información medioambiental, se incorporaron interesados a la participación que hasta ahora estaban excluidos, se adaptó el lenguaje técnico a los nuevos términos y se cambiaron algunos argumentos. Sin embargo las buenas prácticas en la elaboración de los planes no abundaron y las existentes parecen efímeras, ejemplo de ello ha sido el caso de las cuencas internas de Cataluña. La ausencia más notable tal vez sea la de los cambios en la cultura del agua, la concepción y el paradigma que sigue dominando las relaciones con el agua y sus ecosistemas, un detalle que puede dar cuenta de ello es el mantenimiento del mismo discurso político que salvo excepciones como la de Cristina Narbona, responden a concepciones obsoletas o a metáforas populistas o demagógicas.

Los resultado positivos del primer ciclo de planificación hidrológica han sabido a poco, esa podría ser la síntesis coloquial de lo que se ha apreciado en el Observatorio de Políticas de Agua de la Fundación Nueva Cultura del Agua.

Ha habido una queja extendida entre los que hemos sido consultados por primera vez en la planificación hidrológica y es la que se expresa con la pregunta de si tiene sentido participar, hacer alegaciones y, de alguna forma, darle legitimidad democrática a una decisión final que seguramente no se la merece. La duda no es nueva en otros ámbitos pero en la nueva planificación hidrológica comporta interesantes aspectos porque uno de sus principales objetivos era precisamente lograr una participación pública activa y real.

La idea que mueve este texto es que el nuevo régimen jurídico de participación pública y las obligaciones de documentar todo el proceso de planificación, aunque parezcan haber traído un considerable «ruido» en la comunicación entre las Autoridades y la ciudadanía, también pueda servir para contestar la verdad oficial cuando es necesario.

De una forma limitada estas páginas pretenden realizar una aproximación al nuevo proceso de producción de la que se podría llamar la verdad oficial de la planificación hidrológica, la forma en la que puede producirse ahora el forzamiento de dicha verdad oficial y la importancia de las alegaciones y su contestación para evidenciar su posible falsedad.

Antes de entrar en materia quiero agradecer las aportaciones al texto de Francesc La Roca, Josep Espluga, Daniel Barbé, Gabriel Borrás, Leandro del Moral y Francisco Javier Martínez.


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