Lo público y lo privado en la gestión del agua.

Pedro Arrojo Agudo

Resumo


Vivimos en el “Planeta Azul”, que bien podría llamarse el “Planeta Agua”. Y sin embargo, cerca de 1000 millones de personas no tienen garantizado el acceso a aguas potables, lo que provoca, según NNUU, unas 10.000 muertes diarias. Esta estimación, que tan sólo tiene en cuenta las muertes por diarrea, deja al margen las graves afecciones por la contaminación tóxica de retornos y vertidos industriales, mineros e incluso agrarios (pesticidas). En este contexto, en efecto, bien puede hablarse de “Crisis Global del Agua”, paradójicamente, en el “Planeta Agua”.

Al diagnosticar las razones de esta crisis, suele emerger el argumento de la escasez, vinculado a los “desequilibrios hidrológicos”, agravados por el crecimiento poblacional y el cambio climático… Ciertamente hay territorios muy húmedos y verdes, mientras en otros apenas llueve; pero tal realidad, lejos de ser un “desequilibrio”, es expresión de un orden natural caracterizado por una diversidad climática que engendra una impresionante riqueza de paisajes y de vida … En todo caso, esa diversidad de climas y territorios, llevó a muchos de nuestros ancestros a caminar hasta encontrar un río, un lago, una fuente o la posibilidad de sacar agua del subsuelo mediante pozos; y allí se asentaron… Por ello, la inmensa mayoría de esos 1000 millones de personas sin acceso garantizado a aguas potables disponen de agua más o menos abundante en sus entornos de vida. El problema no es tanto de cantidad como de calidad. Hemos quebrado la salud de nuestros ecosistemas acuáticos, de forma que, donde antes se podía beber, hoy se envenenan y enferman millones de personas. O siendo más precisos, millones de pobres que no tienen los medios para preservar la salud de sus familias…

La Crisis Global del Agua es, en lo fundamental, consecuencia de la convergencia de dos grandes fallas críticas: la de insostenibilidad de nuestros ecosistemas acuáticos; y la de inequidad y pobreza derivada de un modelo socio-económico inmoral e injusto.

No obstante, una tercera falla, que converge con las anteriores, viene agravando últimamente la situación: la de la crisis de gobernanza en los servicios de agua y saneamiento, bajo las presiones privatizadoras.

Desde la visión neoliberal, en la medida que hemos hecho “escasos”, de facto, los recursos hídricos de calidad, siendo que al tiempo son “útiles”, se considera el agua como un bien económico, “útil y escaso”, a gestionar desde la lógica del mercado. Sin embargo, con la privatización de los servicios de agua y saneamiento, y de otros servicios públicos básicos (sanidad, educación, …), se está transformando a los ciudadanos en simples clientes, incrementando la marginación y vulnerabilidad de los más pobres, con lo que se agrava el problema que pretendidamente se dice querer resolver…

La Guerra del Agua de Cochabamba, como símbolo de la rebelión de los pobres frente a estas presiones privatizadoras, ha derivado en un debate ciudadano que pone sobre la mesa argumentos éticos y políticos, cuestionando qué valores pueden ser gestionados desde el mercado y cuales deben ubicarse en el ámbito de la “res pública”, como “cosa de todos y todas”. Del grito cochabambino de indignación “el agua es del pueblo, carajo“, se ha pasado a una reivindicación global por el “derecho humano al agua potable y al saneamiento” y a la demanda y diseño de nuevos modelos de gestión pública participativa bajo control social para gestionar este tipo de servicios básicos, desde principios de equidad y sostenibilidad…


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